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Jueves 2 de septiembre de 2010

Hay un minero que de seguro quiere mantenerse bajo tierra, él está “atrapado entre minas”.

Uno de los trabajadores que se encuentra a 700 metros de profundidad, tiene a su esposa y a su amante (quienes se conocieron casualmente) esperándolo a la salida.

Apenas se supo que los mineros atrapados a 700 metros en Copiapó estaban con vida, inmediatamente mucho pensaron ¡seguro harán una película de esto!. Pero una cinta, por muy dramática que sea, debe tener otros matices en su argumento, pero… ¿qué otros ribetes que no fueran dolor y esperanza podría haber en esto?

La respuesta está en Jhonny Barrios. La historia (ya en tono de leyenda) cuenta que su esposa es una de las tantas señoras que espera día y noche la salida de su hombre de entre las entrañas de la tierra. Cartel en mano, ella sólo añora el momento de estar nuevamente en los brazos de su amado.

Lamentablemente, no era la única quien mantiene tal profundo deseo. Cuando las autoridades preguntaron por los familiares de Barrios, su esposa -desde hace 30 años- vio  horrorizada cómo otra mujer levantaba la mano y se identificaba como la pareja de éste.

Su amante, sin saberlo, desenmascaraba un misterio tan profundo como la distancia en la cual el pobre Jhonny ahora se encuentra.

Acto seguido, la legítima mujer del minero bramó con furia: “Barrios es mi esposo. Él me ama y soy su esposa. Esta mujer no tiene ninguna legitimidad”.

Algo que al parecer no le importó mucho a su “otra”, quien asegura no haber tenido conocimiento de su calidad de amante y quien según el diario Panorama de Venezuela  sencillamente dijo ante todo esto: “Estamos enamorados. Yo lo esperaré”.

Jhonny Barrios es seguro quien, de todos los mineros, hoy está más “atrapado entre minas”.